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MOTIVACIÓN… Qué es eso?

Pablo Lucero Motivación

MOTIVACIÓN? Qué es eso?

Qué frío hace, ¿salgo a correr o me quedo en casa? Hoy toca tirada larga con la flaca y hace un viento que flipas, a demás, no sale nadie, ¿dónde voy yo sólo?

Puff… 2000 metros en la piscina, ¡qué aburrimiento!

Seguro que son situaciones que nos han pasado a todos por la cabeza a la hora de entrenar, en el momento en que sabemos que toca salir de nuestra zona de confort y esforzarnos, sudar y luchar por algo. Pero… Qué es ese algo? Qué nos mueve y nos empuja a romper esa comodidad, INVERTIR (no gastar) tiempo de nuestra “rutinaria” vida en una actividad que muchas veces no nos devuelve todo aquello que le damos?

La MOTIVACIÓN se refiere, desde el punto de vista más clásico, al motor que nos empuja a hacer algo. Es ese por qué que nos lleva a poner en marcha todos los mecanismos necesarios que nos guíen hacia nuestros objetivos.

Si nos ponemos teóricos, la motivación modula la intensidad y la dirección de nuestra conducta con el fin de conseguir nuestras METAS.

La clasificación más tradicional de los tipos de motivación, y que nos ayudará a entender muy bien qué nos mueve, coloca nuestros esfuerzos en dos puntos:

Motivación interna que es el placer inherente a la propia actividad. Es el motor que nos mueve a casi todos. Hacer deporte por sentirnos bien, por mejorar, es la lucha interna por crecer día a día.

Motivación externa; todo motivo extrínseco al deporte. Es hacer deporte por ganar algo. Es dinero, fama o renombre. Aquello que está al alcance de muy pocos.

(Estos tipos de motivación no son excluyentes, de hecho los mejores deportistas son los que consiguen mantener arriba los dos tipos de motivos.)

Volviendo a lo que nos preocupa a la inmensa mayoría, tenemos en nuestras mochilas la clave para salir cada día a entrenar, tan solo debemos mantener abierto el bolsillo en el que guardamos todos estos trucos.

Son miles los motivos que nos mueven a hacer deporte, a esforzarnos, a sufrir en muchas ocasiones, a dejar de lado lo que para la mayoría es su día a día, su estilo de vida sedentario, y cada uno tenemos los nuestros. Los podemos tener más o menos claros y es nuestro trabajo encontrarlos, trabajarlos y usarlos en la dirección correcta.  Divertirnos, mejorar nuestro aspecto físico o nuestra salud,  pasar un buen rato con amigos, lograr el éxito, experimentar nuevas emociones o situaciones, luchar contra nosotros mismos y contra los demás. Lo importante es reforzar estos motivos, alimentar ese motor que nos mueve cada vez que entrenemos o compitamos.

Y existen pequeños trucos para mantener esta motivación bien alta:

  • principalmente tener muy claro cuál es el motivo por el que hacemos deporte, y no alejarnos mucho del camino que nos lleve a él. (David quiere perder peso. Juan quiere cruzar la meta con su hija pequeña. Manolo tiene ganas de competir en un Campeonato de España. Miguel quiere hacer un Iroman, Julito quiere entrenar con un grupo de gente que comparta sus aficiones…).
  • Apuntar nuestros logros personales, y recordar cómo vamos mejorando poco a poco. Es sano el pique, nos ayuda a mejorar y nos saca del sofá para estar más fuertes que la semana pasada.
  • Utilizar un lenguaje positivo. Castigarnos no sirve de nada y cualquier entrenamiento siempre suma. No es lo mismo un “vaya mierda de entreno, para esto mañana no salgo” que un “voy a hacer 10 minutitos más que ayer, a reventar las piernas!!”.
  • Hacer entrenamientos divertidos. No nos podemos olvidar que no somos profesionales y que esto del triatlón es para disfrutar tanto como sufrir. Tanto si entrenas solo como si es en equipo siempre hay que buscar el lado más entretenido del esfuerzo. Una buena recompensa (a modo de cerveza por ejemplo) suele ser bastante efectiva.
  • Debemos marcarnos unos objetivos que nos hagan arrastrar la lengua pero sobre todo que sean realistas, que estén en consonancia con nuestros recursos.

No puedo plantearme terminar un IRONMAN si no tengo tiempo para entrenar. Pero si bajar mi tiempo en un 10.000 o dar el salto a una media maratón. Subir un puerto de montaña de vez en cuando, en vez de llanear cada domingo o subir el ritmo en las series de la piscina en lugar de querer cruzar el estrecho a nado. Y sobre todo, debemos plantearnos pequeñas metas intermedias, objetivos a corto plazo que nos den la información positiva necesaria para seguir luchando por los objetivos más grandes.

Estas metas volantes intermedias sirven como gasolina para nuestro motor. Son la fuerza de nuestras alas que nos llevan a ponernos las mallas, el culotte o el bañador cuando los demás están en el sofá viendo la tele.

No podemos olvidar que no todo son tiempos, ritmos, cadencias. Gimnasio, piscina o bici. Es nuestra cabeza la que muchas veces (más de las que pensamos) nos abre la puerta de casa para salir a entrenar, por no mencionar que puede ser la fuerza que nos haga cruzar la meta o la piedra que nos frene y no nos deje avanzar.

La mente también se entrena.

 

 

                                                           Guillermo Viguria Hellín (@GuilleViguria)

Psicólogo/Coach deportivo

UAM y COE

 

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